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Eric Cruikshank

Eric Cruikshank

(Inverness, UK, 1975)

 

Tomando el paisaje como punto de partida inicial, mis pinturas no son de presentación literal, sino que se centran en las cualidades emotivas del lugar. Utilizando una paleta objetiva ligada al paisaje escocés, el color actúa como un vehículo para revelar los planos de la imagen que subyacen a los puntos de referencia.

 

Con la estructura, el diseño y la armonía del color basados en lo cotidiano, se anima al espectador a volver a abordar las nociones de su entorno, donde lo familiar se abre y se llena de posibilidades. Con las obras que salen del territorio del arte y los valores tradicionales, a través del proceso y la presentación, se abre un diálogo entre el pasado y el presente, lo histórico y lo contemporáneo.

 

A pesar de la alusión a los contextos sociales, espirituales y materiales dentro del campo de mi arte, los criterios principales siempre vuelven a los elementos constructivos de base. La forma, el color y la superficie construyen el soporte fundacional y elevan los conceptos de las obras, permitiendo al espectador descubrir capas de significado potencial a medida que cada elemento es considerado.

 

En ausencia de imágenes o narración, los paneles se dejan abiertos a la interpretación, como un plano casi en blanco para reflejar las propias emociones e ideas del espectador. Aplicando la pintura en bandas de color de capas finas y utilizando una técnica de sustracción, se trabaja la superficie hasta alcanzar un equilibrio. Las delicadas formas que quedan dan el efecto de un acabado monocromático cuando se ven por primera vez. A través del velo de pintura resultante, los trazos brillantes de tono parpadean en el borde del foco, donde la superficie mantiene la más suave luminosidad y modulación de volumen.

 

Las obras se completan con un meticuloso nivel de control, creando un plano que no lleva marcas de pincel, eliminando la evidencia de la mano del artista y cualquier huella de la técnica. Con esta eliminación, el campo de color se examina más de cerca: al acercarse a la obra, el color pulsa en patrones que cambian constantemente, al retirarse, estos patrones se mezclan, sangran y se fusionan en un campo continuo vibrante, invitando a una atención visual muy afinada.

 

La sombra y el contorno refinados guían al ojo alrededor de la pieza, atrayendo suavemente al espectador en el acto de ver, donde su relación con la obra es de cambio continuo, ya que la superficie etérea vibra con una luz y un ritmo internos que parecen expandirse hacia el exterior más allá del límite, activando el espacio alrededor y entre las piezas.

 

Nota autobiográfica del artista, Eric Cruikshank

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