Wax & Wane por Javier Ruiz

06.07.2021

Exposición de Javier Ruiz en Amsterdam

Partiendo de su propio estado de ánimo como base emocional de la obra, Ruiz procede a construir sus creíbles y a la vez insólitas escenas que se desarrollan casi exclusivamente en vastos paisajes naturales que recuerdan a los de Andalucía. En cada momento, Ruiz decide entre una atmósfera generalmente oscura y un escenario más abierto e impregnado de luz, y a partir de ahí va ensamblando sus imágenes.

Recientemente hemos tenido la oportunidad de ver de cerca el nuevo conjunto de pinturas y obras sobre papel que Javier Ruiz ha preparado para su próxima exposición individual, que se inaugurará el 1 de julio en un local pop-up en Amsterdam Noord. Comisariada por Gabriel Rolt de The Curator's Room, Wax and Wane será la primera presentación en solitario del artista en su ciudad de adopción tras la reciente y exitosa presentación en solitario en España.  
Partiendo de su propio estado de ánimo como base emocional de la obra, Ruiz procede a construir sus creíbles y a la vez insólitas escenas que se desarrollan casi exclusivamente en vastos paisajes naturales que recuerdan a los de Andalucía. En cada momento, Ruiz decide entre una atmósfera generalmente oscura y un escenario más abierto e impregnado de luz, y a partir de ahí va ensamblando sus imágenes. Mediante el cotejo de imágenes de sus archivos, fotos de Internet y elementos imaginarios, fabrica escenas ficticias impregnadas de una sensación de misterio y melancolía, al tiempo que evoca los elementos de los arquetipos renacentistas o barrocos. Aunque están dominados exclusivamente por protagonistas humanos referenciados a partir de fotografías encontradas y de la vida del artista, los cuadros suelen ser excepcionalmente estáticos, representando un momento de quietud casi inquietante. Dentro de este ambiente suspendido, el artista afincado en Ámsterdam coloca sutiles claves que se relacionan con una serie de emociones intensas, desde la tristeza, la añoranza, el amor, la empatía, hasta la apatía o la ansiedad.  
Realizados a través de una pincelada fastidiosa y delicada, tanto los protagonistas como su entorno se elevan por encima de la planitud del lienzo y se les atribuyen cualidades físicas. Las texturas toscas de las rocas o de los terrenos desolados complementan los rostros rugosos y otras partes del cuerpo de los sujetos retratados. Además del ambiente general de la imagen, estas superficies excepcionales también son sensibles a la luz y cambian el aspecto general de la obra con diferentes ángulos de observación. Contiene pistas emocionales que van desde las expresiones faciales adormecidas, las composiciones y posturas abatidas, hasta los vibrantes ensamblajes florales y los luminosos espacios abiertos, aunque congelados en el tiempo, hay una notable tensión en estas imágenes. La combinación de estos elementos construye escenas desconcertantes que se desarrollan en un entorno idílico y monumentalmente teatral. Atribuyendo al espectador un papel de espectador, Ruiz mantiene la suspensión al no entregar nunca las partes "perdidas" de la probablemente intensa narrativa que hay detrás de sus imágenes.  

Texto extraído de la revista Juxtapoz, realizado por Sasha Bogojev